lunes, 26 de enero de 2009

Bitacora de la ruta a Piñan




El sábado 24 deEnero empredimos rumbo a Piñan, una pequeña población muy necesitada ubicada al norte de Ecuador. Nuestra misión fué brindar una mano a los hermanos Piñaneros.

En esta ocasión 10 Nivas recorrieron los difíciles senderos de la provincia de Imbabura:

  • Eduardo Diaz, con Carlos Galárraga como copiloto.
  • Mauricio Cepeda, Viviana Ligna, Mateo Cepeda y sus invitados.
  • Gustavo Vaca con su copiloto Adolfo.
  • Eduardo Vaca con Yessenia de copiloto.
  • Jorge Oviedo en solitario.
  • Oswaldo Gomez Jurado y su primo Jaime de copiloto.
  • Christian Carvajal y Lorena de copiloto.
  • Edison Armas con Carmita y Yaroslav.
  • Aquiles Zurita en solitario.
  • Alvaro Izurieta, María Gabriela Bedoya y su servidor, Charlie Vásquez
La reunión fué a las 4:30 am en el peaje de Oyacoto. La hora de salida, que originalmente se estableció a las 5:00 am, se alargó un poco y partimos con algo de retraso. La carretera, en muy buenas condiciones, nos permitía deleitarnos con paisajes impresionantes de la serranía ecuatoriana. Pudimos apreciar la magnitud del imponente volcán Imbabura y al Cotacachi con sus cúspides nevadas, cosa muy extraña de ver.

Llegamos a Ibarra (2260m N 00°20.448´ W 78°08.704´
) y luego de recoger a nuestro guía, nos enrumbamos hacia la hacienda "El Hospital" (2496m N 00°24.162´ W 78°15.677´) , no sin antes vadear un río debido a una ruptura en el puente. El camino se volvía cada vez mas agreste, pasando del pavimento al adoquín, al empedrado, al lodo y pedregal. Nuestros tanques subían sin mayor dificultad. El Cotacachi observaba, tras su velo de nubes, nuestro ascenso al páramo.

Oswaldo, por la radio, nos contó como había recorrido estos caminos a caballo cuando era médico rural de la zona. Los hermosos paisajes nos envolvían, nuestros caballos de fuerza rompían el monte en busca del pajonal y la chuquirahua.

El exigente pedregal hizo que los nivas sufrieran de recalentamiento, pero continuamos y llegamos cerca de los 4000 metros de altura. El camino era una mezcla de lodo y piedra, charcos y neblina.

Hicimos las paradas técnicas necesarias para que la caravana no se separe y poder dar una mano a los nivistas que empezaban a patinar el el resbaloso lodo de páramo. La conversación por nuestras radios era amena y hacía mas llevadero el frío clima que, debido a la llovizna y neblina, soportábamos.

Lamentablemente nuestro guía confundió la ruta y estuvimos un buen tiempo intentándo descifrar el camino a seguir. Algunas huellas traspasaban el pajonal, otras nos llevaban a trampas de lodo y agua en donde hasta Aquiles, con sus llantas militares, patinaba.

Una vez reunidos de nuevo y con una visión mas clara del camino decidimos calzar cadenas y almorzar, en nuestro caso nos deleitamos con una especialidad del club Niva: "pollo al motor". Nuestra ruta bajaba hacia un rio por un zigzageante lodazal. Alvaro tomó la punta y gracias a su experiencia sorteando estos caminos y a dos lugareños logramos llegar a Piñan, no sin antes "winchear", empujar, halar y guiar a los compañeros nivistas que tuvieron problemas en la ruta. Empezamos a preocuparnos por el regreso, ya que subir esa empinada cuesta, con lodo y lluvia sería una tarea complicada. Uno a uno los niveros llegaban y se ubicaban alrededor de la cancha de la escuela. Gustavo llegó sin cadenas, ante lo cuál Alvaro salió en su búsqueda ya que era obvio que las íbamos a necesitar al día siguiente. Aforturnadamente logró recuperar una.

En Piñan (3103m N 00°30.776´ W 78°24.822´) nos recibió la comunidad, gente muy amable y sencilla con quienes departimos buenos momentos. Carmita y Lorena organizaron la entrega de las donaciones, junto con la profesora de la escuelita y los miembros del club, la repartición se hizo de forma ordenada y todas las personas recibieron algo. La noche caía y ubicamos nuestros equipos de campamento dentro de una aula que se nos fue prestada. Algunos nivistas preferimos acampar en carpas para disfrutar de la naturaleza.

Alrededor de la cocineta de Oswaldo comentamos las peripecias del viaje y vimos lo imposible que resultaría ir a la laguna al dia siguiente, ya que no contabamos con el tiempo (4 horas de caminata de ida y vuelta). Decidimos descansar y despertarnos a las 7:30 para levantar el campamento, alistar los nivas, desayunar y salir lo mas pronto posible. Compartimos unos momentos en la fogata y nos dispusimos a dormir.

La mañana siguiente nos regalo una hermosa postal de Piñan, un pequeño caserío de techos de paja, ganado y un río. Luego de un buen desayuno empezamos a empacar nuestros equipos. Fueron de gran ayuda las "gatas" de Eduardo Diaz para revisar y calzar de nuevo las cadenas. Salimos a las 10:00 am de Piñan, dejando atrás a gente que realmente hace patria en condiciones difíciles. Ojalá algún dia nuestros dirigentes políticos también se acuerden de aquellos rincones olvidados de nuestro querido país.

Subimos de nuevo al páramo casi sin dificultad y cuando empezamos el camino de piedra quitamos cadenas y tomamos las fotos para el recuerdo. Los ánimos estaban por lo alto, pero las sonrisas se borraron al empezar el pedregal. La lluvia hizo complicadísimo el terreno. Nuestro tanques sufrieron algunos golpes en en los protectores inferiores, pero nuevamente demostraron que fueron hechos para estos caminos retadores.

LLegamos a Ibarra cuando la noche cobijaba a la ciudad blanca. Algunos nivistas tuvieron que regresar de inmediato a Quito y los que qeudamos compartimos una merienda "ligera" para, también, empezar el retorno a la Capital.

Esta travesía tuvo uno de los caminos más técnicos que hayamos recorrido. El lodo, la piedra, el pajonal, el empedrado y el lastre pusieron a prueba nuestros tanques, pero salimos airosos y gustosos de haber cumplido nuestros compromisos de solidaridad y compañerismo. Gracias nivistas!!

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